Se fue Marujita Díaz, una famosa de verdad, por JL García

Hacía ya muchos meses que no se sabía nada de Marujita Díaz, por lo menos desde enero, cuando el Tribunal Supremo la condenó a 15.000 euros por el ‘culebrón’ con Juan Valderrama Vega (hijo del cantante ‘Juanito’ Valderrama) cuan do en 2010 la actriz y cantante le llamó “alcohólico” en un programa de televisión. Ahora nos hemos enterado que la actriz y cantante  ha fallecido víctima de un cáncer a los 83 años de edad.

Muchos nos hemos criado con la imagen de esta popular famosa, sí, famosa, porque aunque muchos decían que  ni cantaba, ni actuaba, ni ná, y que en sus últimos años sólo se la recuerda por sus excesos televisivos o acompañantes curiosos como Dinio, lo cierto es que deja tras de sí una extensa filmografía y numerosos discos, con algunas canciones inolvidables como ‘Soldadito español’  o ‘Banderita’, no como los denominados famosos de hoy en día que el único mérito que tienen es el de estar encerrados durante varios meses en una casa o una isla y cuyo coeficiente intelectual deja bastante que desear.

Sí, afirmo. La trianera era toda una señora del espectáculo. Con su sola presencia era capaz de llenar una película, un plató de televisión o un estudio de radio.

Precisamente, en la radio tuve la oportunidad de verla en persona durante una temporada. Ella, junto a Paquita Rico, protagonizaba el microespaciMarujita Díaz en la cena del Pescaito de Torremolinos, en el Hotel Melia Castilla, víspera de Fitur.

Ese microespacio era la comidilla de toda la redacción. Los de informativos, los de deportes, los de toros y hasta los musicales (Pirata incluido) bajábamos a los estudios para verlas en acción (bajábamos porque la redacción estaba en la parte y los estudios en el sótano). Era todo un espectáculo, la carcajada era continua, el desparpajo y la alegría que irradiaba Marujita Díaz se contagiaba a todos. Bien es cierto que siempre en el estudio estaban presentes unas pastitas y una botella de anís.

Seguro que ella no le importaría lo que voy a contar, puesto que en esas tertulias, y a causa del anís, la cogorcilla estaba asegurada, con lo que se incrementaba el espectáculo. Incluso, algo que corrió como una leyenda urbana por muchos platós y que yo puedo asegurar que es cierto, un día que la cogorcilla pasó un poco a mayores llegó a mearse en la silla (puedo asegurarlo porque me tocó cambiar la silla en cuanto salió), pero lo hizo con tanta dignidad y gracia que sólo le faltó que los que estábamos allí la vitoreáramos.

En fin, que se nos ha ido una famosa de verdad, que nunca ocultó su simpatía por Franco, lo que no fue ningún impedimento para que siguiera siendo admirada, y que fue de verdad toda una señora, o una niña, como a ella le gustaba decir.

José Luis García Jiménez, periodista

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